La estatua, de aproximadamente 3,5 metros de altura, fue colocada por un colectivo artístico anónimo que utiliza intervenciones urbanas para llamar la atención sobre temas políticos y controversias públicas. Según los creadores, la obra busca provocar reflexión y debate sobre la relación que existió entre ambas figuras en el pasado.
La instalación apareció de manera sorpresiva y rápidamente atrajo a curiosos, turistas y medios de comunicación que acudieron al lugar para fotografiarla y discutir su significado. Mientras algunos visitantes la consideran una forma legítima de protesta artística, otros la califican como ofensiva o políticamente motivada.
Funcionarios del gobierno y representantes políticos también reaccionaron al hecho. Desde algunos sectores se criticó la escultura por considerarla una intervención partidista, mientras que defensores de la libertad artística sostienen que este tipo de obras forma parte del debate público en una sociedad democrática.
Analistas señalan que el episodio refleja cómo el arte urbano y las intervenciones públicas continúan siendo utilizadas como herramientas de crítica política en Estados Unidos, especialmente en contextos de alta polarización política.