Durante una expedición submarina en 1961, buzos suecos encontraron los restos de un marinero dentro de un antiguo buque de guerra hundido en 1628. Lo sorprendente del hallazgo fue que su cerebro permanecía intacto después de más de tres siglos bajo el agua.
Especialistas explican que el hierro de los cañones y tornillos del navío generó un entorno químico que permitió preservar el tejido cerebral. Gracias a esta conservación excepcional, los investigadores pudieron determinar que el hombre tenía cerca de 30 años al momento de su fallecimiento.
Este descubrimiento no solo fascina por su rareza, sino que también ofrece nuevas oportunidades para estudiar restos humanos antiguos y entender mejor la vida de los marineros del siglo XVII.