El alemán Alexander Zverev dejó atrás la etiqueta de “mejor jugador sin Grand Slam” al coronarse campeón en París. En su cuarta final de un torneo grande, el número tres del mundo venció al italiano Flavio Cobolli por 6-1, 4-6, 6-4, 6-7 (5) y 6-1, tras más de cuatro horas de batalla sobre la arcilla de Roland Garros.
La ausencia de Jannik Sinner y Carlos Alcaraz abrió una ventana única, y Zverev supo aprovecharla con temple y determinación.
El desenlace fue tan emotivo como histórico: al concretar el segundo punto de partido, Zverev se desplomó sobre la tierra batida, cubrió su rostro con las manos y rompió en llanto. Con la camiseta y los brazos manchados de arcilla, levantó los brazos al cielo para celebrar el título que tanto había perseguido.
Este triunfo lo consagra como campeón de Grand Slam y marca un antes y un después en su carrera, cerrando una etapa de frustraciones y abriendo otra de gloria en el tenis mundial.