Una exposición prolongada a aire de mala calidad —principalmente por partículas en suspensión PM2,5 y dióxido de nitrógeno (NO₂)— está vinculada con una mayor prevalencia y riesgo de depresión, según un informe divulgado este martes 3 de marzo por la Agencia Europea del Medio Ambiente (EEA).
El documento, titulado “Contaminación y salud mental: evidencia científica actual”, señala además que los picos de exposición a corto plazo a estos contaminantes pueden agravar los síntomas de la esquizofrenia.
La EEA subraya que, aunque los trastornos mentales responden a múltiples factores —genéticos, sociales, económicos, psicológicos y de estilo de vida—, la contaminación está ganando peso como posible factor contribuyente. No obstante, advierte que aún se requieren más investigaciones para establecer una relación causal directa.
Impacto desde etapas tempranas
El informe también vincula la contaminación atmosférica exterior con cambios estructurales y funcionales en el cerebro durante etapas críticas del desarrollo, como la gestación, la infancia y la adolescencia temprana. Esto refuerza la preocupación sobre los efectos a largo plazo de la exposición ambiental en la salud pública.
Ruido y químicos, otros factores en la mira
Más allá del aire contaminado, la investigación apunta al ruido del tráfico y a ciertos compuestos químicos como elementos que podrían estar influyendo negativamente en la salud mental.
En el caso de la contaminación acústica, un incremento en el ruido vehicular se asocia con un aumento del 3 % en el riesgo de depresión y del 2 % en ansiedad. Asimismo, la exposición constante al ruido ambiental se relaciona con una mayor prevalencia de problemas de comportamiento en niños.
La agencia europea concluye que la evidencia científica avanza hacia una comprensión más amplia del impacto ambiental en la salud mental, un terreno que hasta hace pocos años estaba centrado casi exclusivamente en las afecciones físicas.